Convivencia y conflicto: dos caras necesarias de la vida en la escuela

13 de enero de 2026

Una reflexión sobre el conflicto como parte inevitable
y necesaria de la convivencia escolar

“Ayyy, me gustaría vivir en una isla… o en la montaña… o en el medio de la nada”.
Frases que he escuchado muchas veces, casi siempre acompañadas de un suspiro profundo.

Suelen aparecer después de desacuerdos, tensiones o situaciones incómodas.
A eso, de manera simple, solemos llamarlo conflicto.

Alguna vez me preguntaron:
¿Es posible llevar una vida sin conflictos?

Mi respuesta fue otra pregunta:
¿Podría haber crecimiento sin ellos?

El conflicto no implica necesariamente peleas verbales ni físicas. No es sinónimo de violencia. Aparece allí donde hay otros, y convivir con otros supone diferencias: no pensamos igual todo el tiempo, no queremos lo mismo, no nos gustan las mismas cosas. Y eso no solo es inevitable, sino profundamente sano.

La diferencia nos construye.
Nos da identidad.
Nos recuerda que somos únicos.

El problema no es su existencia, sino la manera en que lo abordamos. Cuando estas situaciones se enfrentan de forma consciente y respetuosa, se transforman en oportunidades de crecimiento: nos obligan a revisar posiciones, a escuchar, a negociar, a transformarnos.

Sin embargo, hay quienes, para “evitar el conflicto”, eligen no mirarlo.
Pero reprimirlo no lo elimina: lo desplaza.
Y muchas veces lo desplaza hacia otro lugar: el conflicto con uno mismo.

En el terreno de la educación, estas tensiones están siempre presentes. Las escuelas son espacios de convivencia entre personas que llegan con historias, crianzas y contextos muy distintos. Mundos diferentes que se encuentran todos los días.

Por eso, convivir no es algo que “se da solo”.
La convivencia se construye: a través de acuerdos, de diálogos, de límites claros y de vínculos cuidados.

Pensar la convivencia es, también, animarnos a pensar el conflicto.

Liliana Magallanes
Educadora | Gestión educativa
Pedagogía de la convivencia en contextos educativos